El punto determinante



Lugar: ex Pensión Norte (Pellegrini y Libertador).

Petiso, morocho, inclasificable, ingenioso, mal llevado, un día, a sus 21 años, apareció Miguel Ángel Peralta en la Pensión Norte, que estaba en Carlos Pellegrini llegando al Bajo, cuando aún no existía la autopista. Era 1966. Miguel volvía de un viaje en el Norte y no tenía un peso. Cantaba folklore y escribía poesía.

En la Pensión Norte vivían, recalaban o pasaban estadías estudiantes y algunos bohemios semihippies, algunos de los que fundarían por entonces el rock argentino. Los Beatniks ensayaban ahí, Pipo Lernoud hacía correr sus poesías, se dice que incluso ahí se fue amasando la idea original de Manal, con el nombre luego descartado de Ricota (inspirado en los Cream de Eric Clapton).

Entre la pensión Norte y La Cueva, Miguel se conectó por primera vez con el rock, mientras leía con fervor y prometía escribir una “Historia Universal de la Realidad”.  Nno tenía ni para pagar el alquiler, por lo que a veces se lo perdonaban. Un día, Pipo (junto a él en la foto, tomada de magicasruinas.com.ar) decidió llevárselo a vivir a la casa de su madre para ayudarlo a ordenar un poco su vida. Dos años después, casi sin buscarlo, acompañando a Pipo a negociar a una discográfica, le cayó el ofrecimiento de grabar un disco. Hubo que inventar un nombre y formar una banda. Antes de que se diera cuenta ya sus poemas se habían convertido en canciones.

Si la Pensión Norte fue un momento fugaz en la vida de Miguel Peralta, fue sin duda el punto determinante, aquel en donde su trayectoria se desvió hacia lo que sería finalmente su destino, el de llamarse Miguel Abuelo.